Engañosa quietud

De todos es sabido que los arboles tienen raices y por consiguiente su movilidad está coartada, lo que no implica que dicha movilidad quede anulada.

Me parece fascinante observar un arbol de gran porte en un día de viento y comprobar lo que se puede desplazar su copa. Es realmente asombroso.

En esta imagen, mediante una larga exposición, se puede contemplar el movimiento nada despreciable de las copas de los arboles mecidos por el viento.